Marcas Sonoras: El “D´oh” de Homero Simpson, el grito de Tarzán, y la fanfarria de Twentieth Century Fox.

A través de nuestros sentidos, podemos asociar sensaciones con marcas comerciales. Tal es el caso de los sonidos o melodías que inmediatamente nos evocan marcas, como lo son el característico “D´oh” de Homero Simpson, el grito de Tarzán, y la fanfarria de Twentieth Century Fox*.

No es un tema que resulte sorprendente, pues las empresas -aunque elaboran productos o prestan servicios- lo que venden es su marca, por ello buscan quedar en memoria del consumidor no solo a través de imágenes, sino también mediante melodías o sonidos característicos.

En México existe interés por la inclusión de marcas no convencionales (sonidos, olores o sabores) en la legislación, lo cual incluso se ve reflejado en distinguidas replicas, trabajos de investigación e investigaciones no académicas formuladas por especialistas.

La iniciativa presentada por el Senador Jorge Lozano Armengol que buscaba “permitir el registro de marcas sonoras, entendiendo por marca todo signo visible o sonoro que distinga productos o servicio de otros de su misma especie o clase en el mercado”**, fue desechada en su momento, y a la fecha no contamos con una protección ad hoc para este tipo de signos distintivos.

No obstante lo anterior, el interés sigue vigente. Es importante mencionar que países y regiones de gran repunte y vanguardia en temas de propiedad intelectual como Estados Unidos y la Unión Europea, otorgan protección no sólo a signos distintivos perceptibles por la vista, sino también a aquellos percibidos por el oído y el olfato.

Los despachos especializados hemos desarrollado estrategias para proteger este tipo de marcas por otros medios en México, sin embargo, valdría la pena replantear la posibilidad de incluir expresamente este tipo de marcas en la legislación mexicana.

*http://www.uspto.gov/trademarks/soundmarks/76280750.mp3

** Lozano Armengol, Jorge, proyecto de decreto que reforma los artículos 88, 89 fracción I, 113 fracción II y 114 de la Ley de la Propiedad Industrial.

Por: Erick Omar Rodríguez Díaz